martes, 10 de mayo de 2011

Comunidad Madres Agustinas Recoletas


“EL PORQUÉ DE LA VIDA CONTEMPLATIVA”

Dentro de nuestra Madre la Iglesia, existe una gran riqueza y variedad de dones y carismas con que Dios, por medio de su Espíritu Santo, la ha enriquecido desde sus comienzos hasta nuestros días.
La Vida Contemplativa es uno de estos dones, un don excelente y primordial, pero también un don poco conocido y por este motivo, incomprendido por ser espiritual y transcendente. Proyectado hacia una realidad celestial y eterna, a la que todo ser humano está destinado a gozar y vivir ya desde ahora. No se le ha dado la dimensión y expansión que le corresponde como Jesús se la dio en su vida, envuelta toda en oración y comunicación ininterrumpida con su Padre celestial. Esto es la contemplación, vivir la presencia de Dios, nuestro Padre en cada instante, en cada momento, en cada minuto, en cada circunstancia de nuestras vidas. Verle en todo y amarle en las bellezas creadas con sus ojos de fe y amor; y sobre todo, ver su presencia en sus hijos, en los que nos tenemos que ayudar a crecer en el amor con que Dios Padre nos ama.
En la trayectoria cuaresmal Jesús se transfigura delante de sus discípulos, (¡Señor, que bien se está aquí!), de los que le seguimos por el dulce y áspero camino de la cruz dichosa y nos muestra por un instante, lo que será nuestra patria definitiva en el Reino de los Cielos. “Allí ya no habrá llanto, ni dolor, amaremos y gozaremos, gozaremos y contemplaremos lo que Dios amorosísimo nos tiene preparado desde toda la eternidad” “Venid vosotros, benditos de mi Padre y heredad lo que os adquirí con mi vida entregada y mi sangre derramada por vosotros”.
La vida contemplativa en cuanto a su dimensión orante, debe ser vivida por cada fiel cristiano como parte fundamental de su diario vivir, pues orar, rezar, hablar con Dios Padre que nos ama tanto y que desea ser amado por sus hijos, es tarea primordial para los cristianos que queremos vivir nuestra fe con la coherencia que nos pide la Palabra de Dios y las enseñanzas de nuestra Madre la Iglesia, que como buena madre, nos va nutriendo por medio de los sacramentos en cada etapa de nuestro crecimiento espiritual y humano. Rezar y estar en continua comunicación con Dios, no es sólo ocupación de monjas y monjes que viven en la soledad de sus claustros la vida de oración y de contemplación de los misterios divinos; sino de todos los que formamos la Iglesia Universal desde el Santo Padre Benedicto XVI hasta el niño pequeño que todavía no sabe balbucir la oración del Padre Nuestro y al que hay que enseñar a hacerlo.
El ser humano no sólo es cuerpo, sino también espíritu, no sólo es terreno, sino que es espiritual y necesita alimentar su alma para vivir en la paz y el sosiego con que Dios la va invadiendo, en esa continua comunicación de amor con Él y le va haciendo ver dónde se encuentran los valores verdaderos y definitivos que siempre están ahí y que hay que poner en práctica “para que se vean nuestras buenas obras y demos gloria a nuestro Padre que está en los cielos”.
Según sea nuestra relación con Dios, así será nuestra vida. Seremos personas orantes y contemplativas en la acción, seremos capaces de llenar almas vacías con el mismo amor con que Dios nos ama, de contagiar con nuestro modo de vivir las riquezas con las que nuestro buen Padre nos ha llenado antes, no con las palabras que muchas veces están de más, sino con la vivencia valiente de nuestra fe. “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”
¡Feliz Cuaresma y feliz Pascua de Resurrección! Que Dios os bendiga.
Sor Mª del Carmen Montes Callealta

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