viernes, 13 de mayo de 2011

Hermandad y Peña Costalera Nazarena


Cuando uno es joven y en tu interior hay un vacío, la vida para algunos y Dios para otros (como es mi caso); sin buscarlo, sin querer, te abre caminos que poco a poco rellenan ese hueco que te faltaba para de nuevo encontrar esa fe que con la juventud llegas a olvidar.

La Hermandad por un lado y la Peña de Costaleros Nazarena por otro, son culpables de que muchos jóvenes reencuentren el camino y en definitiva una felicidad que surge de un amor y un sacrificio por lo que haces, descubierto y agradecido en tu quehacer diario.

Se te nota, tu vida da un cambio; es como si Jesús estuviera más cerca de ti, más tuyo, más mío y te entra unas ganas horrorosas de compartirlo con los demás, para que aquellos que no lo conocen, que tienen ese vacío, lo rellenen como tú.

Y nace el Desfile Procesional, dar a conocer a Jesús y a María a través de su Pasión y Muerte y posterior Resurrección. Nace el Cofrade y nace el Costalero.
La Hermandad no tiene lema, ni logotipo; pero perfectamente le viene el de la Peña como anillo al dedo.
Amor y Sacrificio. Dos palabras tan repetidas que a veces las dejamos sin contenido y llevan todo una filosofía de vida. Nos deben de unir tanto a unos como a los otros y a su vez a todos.
Amor, no es otra cosa que entregarse por completo a aquello en lo que crees y en la época que nos toca vivir tanto para el cofrade como para el costalero, te tienes que entregar a todas las cosas que hagas y sobre todo por todas aquellas personas que nosotros los cristianos, llamamos hermanos. Esto no es sino caridad cristiana, no sólo con la ayuda material, necesaria y obligatoria, sino con tu comportamiento en tu Hermandad, en tu Peña, en tu familia, en tu ambiente, con los amigos.
El cofrade y el costalero no lo son un día o una semana, quizás seamos diferentes, pero los dos amamos lo mismo, los dos creemos en lo mismo.

Hoy más que nunca necesitamos de esa palabra amor y llenarla de contenido, sentirla y ponerla en práctica.

Sacrificio, evidentemente esta palabra tiene dos significados bien distintos; una para el cofrade y otra para el costalero.
Para el cofrade, el único sacrificio que tiene que hacer es poner en práctica todo en lo que crees y eso no debe de ser un sacrificio, ni una obligación, mal iríamos. El sacrificarnos por los demás, por tu Hermandad, en tu desfile procesional, en tus cultos internos, en conservar los enseres, en el trabajo que eso conlleva, si para ti es un sacrificio, piénsatelo.
Para el costalero es bien distinto, pues hablamos de un sacrificio material, de un esfuerzo que a veces es insoportable, de un peso de un madero que duele, de un sacrificio que se transforma en sentimiento cuando se hace por amor, ese costalero es el de verdad, el costalero de Jesús y de María.

Los dos, el cofrade y el costalero debemos de ir juntos.

Para que quieres costaleros si no hay Hermandades ni cofrades; y en el lugar donde vivimos, ¿se concibe un paso de misterio o de gloria a ruedas, sin costaleros?
No es posible. Nuestros Desfiles Procesionales necesitan las dos entidades.

Las dos son un complemento perfecto de nuestra Semana Santa.
Las dos vivimos la Cuaresma; una con los preparativos, otra con los ensayos.
Las dos oramos; una con nuestros cultos y la otra con el mecio de los pasos.
Las dos sufrimos con las injusticias de este mundo, con el paro, con las catástrofes, con el egoísmo, con la intolerancia, con el maltrato, con la droga…
Las dos disfrutamos de la alegría de la Resurrección de Jesús.
Somos un complemento perfecto, no lo olvidemos nunca, en la Religiosidad Popular. La fe de muchas personas a Jesús y a María, depende de nosotros.

Demos ejemplo, te sentirás feliz.


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